Abuelos

Abuelos

Qué bonito teneros. Qué bonito quereros. Qué bonito viviros. Qué bonito poder abrazaros y gritaros “os quiero” con una sonrisa silenciosa.

Los abuelos deberían ser eternos, porque sin ellos, la vida pierde su color. Son actores en películas que nada tienen que envidiar a las de Hollywood; sus platos pueden compararse con los de Ferran Adrià; sus técnicas para darnos dinero sin que se enteren los padres deja a la mafia italiana por los suelos; y su amor… Su amor no puede equipararse a nada. Porque su amor incondicional es infinito y eterno.

Aprovecha todos sus momentos, y guárdalos en ti para siempre. Porque cosas tan simples como unos huevos fritos con patatas un lunes por la noche, una siesta inevitable en la hamaca del jardín, o el olor a flores de tu abuelo se convierten en piedras más valiosas que un diamante rojo. 

Sentarte en la mesa a comer, tener el botón desabrochado y con una sonrisa decir “ya no puedo más yaya, no me traigas más comida” y que ella aparezca con un trozo de pastel de chocolate, ese “por si te quedabas con hambre” relleno de ternura. Escuchar por décima vez cómo tu abuelo había dormido en un establo y había llevado zapatos de esparto durante años. Y ver cómo se le iluminan los ojos al hablar de su infancia, una infancia que tú no has vivido pero que puedes hacerla tuya con sus historias. Porque por más veces que las cuente, nunca te vas a cansar de oírlas. Porque por muy lleno que estés, vas a seguir cogiendo la cuchara y probando el postre. Porque eso, eso es felicidad.

Que aparezcan en la puerta de la escuela con la merienda. Y que ahora te llenen el congelador de  tápers para que no pases hambre entre semana. Que te repitan doscientas veces lo guapa que eres y estás (da igual cuando leas esto, si con doce años o con veinticuatro). Que te sellen con su pintalabios tus mejillas, tres besos en cada una. Que celebren todos tus triunfos. Que se enfaden porque no se llevan bien con las tecnologías. Que te llamen porque te echan de menos aunque hayan pasado dos días desde que no los ves -y qué ilusión cuando suena el teléfono y son ellos-. Que te cojan de la mano para ayudarte a dar los primeros pasos y que desde entonces no te hayan soltado. Y ojalá nunca lo hagan.

Qué corta se queda la definición de abuelo en el diccionario. Cuánto se queda escondido detrás de esas seis letras. Pero quizás ahí está la magia. Quizás cada uno tiene su definición de abuelo. Porque realmente, los abuelos no se pueden describir. Y todo lo que se escriba no se acercará lo más mínimo a la realidad, porque los abuelos tienen el don de dejarnos siempre sin palabras.

Esta entrada tiene 6 comentarios

  1. Paula y Lucia

    Me encanta! Me ha traido muchos buenos recuerdos.

  2. Adrià

    No hay espacio suficiente en ningún diccionario del mundo para poder describir lo que los abuelos representan. ¡Gracias por este pedacito de ti Isa!

  3. Tu pluma femenina tiene ternura a raudales. Me gusta cómo escribes. Solo leí hasta ahora tu relato «Abuelos», pero prometo leer los otros que aquí publicas. Enhorabuena

    1. Muchísimas gracias por tu comentario. Te agradezco mucho estas palabras… Y me animan a seguir escribiendo. Un abrazo.

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