Déjà vu

Déjà vu

5 de noviembre de 2012, ocho y media de la mañana. Clase de lengua y literatura en segundo de bachillerato. El aula está fría y en silencio porque la mayoría estamos todavía dormidos o pensando en “cosas de adolescentes”. Ana se sienta y sin preámbulos pregunta:

– Después de haber leído el primer tratado del Lazarillo, ¿creéis que Lazarillo hubiese sido la misma persona si hubiese nacido en otra parte de España, si hubiese tenido otra familia o si su entorno hubiese sido diferente?

Qué pregunta más profunda para adolescentes que prácticamente se acaban de levantar. “¿Qué tendrá esto que ver con Lazarillo de Tormes?” Mis neuronas empiezan a despertarse. “Quizás sí. Quizás su vida sería distinta, no creo que sea lo mismo nacer en el río Tormes que en Barcelona capital; e imagino que también serás diferente si tu padre es duque en vez de molinero”, pienso, pero no levanto la mano. Total, qué voy a saber yo, con diecisiete años y deseando acabar el curso para poder presentarme a la selectividad.

No era consciente de que esa pregunta marcaría mi vida para siempre.

5 de noviembre de 2020, ocho y media de la mañana. Clase de lengua y literatura en tercero de la ESO. El aula está fría -no funciona la calefacción- y en silencio porque la mayoría todavía están dormidos o pensando en “cosas de adolescentes”.

– Después de haber leído el primer tratado del Lazarillo, ¿creéis que Lazarillo hubiese sido la misma persona si hubiese nacido en otra parte de España, si hubiese tenido otra familia o si su entorno hubiese sido diferente?

Nadie contesta, pero esta vez no me quedo callada, ahora sí tengo la respuesta clara:

– No os puedo confirmar que Lazarillo hubiese sido una persona tontamente distinta, pero bajo mi punto de vista, es innegable que el entorno nos influye. 

– ¿Por qué? – me pregunta Mateo.

– Porque os aseguro que si yo en bachillerato no hubiese tenido a la profesora de lengua que tuve, ahora mismo no estaría aquí. Ella me transmitió la pasión por la literatura y por la enseñanza, fue ella quien me abrió la puerta al mundo de los libros y de la educación. No sé si científicamente estoy aquí “gracias a ella”, pero una parte de mí siempre va a creer que soy profesora de lengua y literatura porque tuve la suerte de que un día ella fue la mía. ¿Y vosotros, creéis que seríais los mismos si vuestro entorno fuese otro?

Álvaro, Helena, Max y Carlos alzan sus manos con ganas de explicar su experiencia. Y yo sonrío.

Gracias, Ana, por demostrarme una vez más que esta profesión es preciosa.  

#Mimejormaestro

Esta entrada tiene un comentario

  1. Francisco

    Mi mejor maestro Don Santiago

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