En llamas

En llamas

Estela vio cómo su vida se estaba consumiendo entre las llamas. Su casa ardía y con ella todos sus recuerdos. No le caía ni una lágrima por la mejilla, la impotencia y la ira se apoderaron de ella y lo único que pudo hacer fue gritar, gritar fuerte y alto, como si ese grito tuviese el poder de apagar el fuego que una simple vela en el apartamento de al lado había provocado. 

Su peluche favorito, los apuntes de universidad que guardaba aun sabiendo que nunca más volvería a utilizarlos, el álbum de fotos del verano de 2016, la televisión que ella y Marcos compraron hacía solo tres meses, los pendientes que le regaló su madre cuando cumplió dieciocho años, en fin, toda su vida había muerto. No quería ni imaginarse cómo iba a salir de ese pozo ardiente en el que acababa de caer.

—He venido lo más rápido que he podido. ¿Qué ha pasado? ¿Cómo ha sido—Marcos apareció de repente, casi sin aliento. 

—María encendió una vela para hacer yoga y cuando se fue a trabajar, se le olvidó apagarla— las palabras salieron torpemente de la boca de Estela. Al decirlo asumió que lo que estaba pasando era real-—¿Dónde está Cody?

—¿Cody? ¿No estabas con él en el parque?— los nervios invadieron sus mentes.

—No, claro que no. Yo estaba con Carla tomando un café cuando me llamaron los bomberos. Es martes, hoy lo sacabas tú. Marcos, por favor, dime que está contigo, por favor. Por fav…— la cabeza de Estela se apoyó en el pecho de Marcos, sollozando, y atrapada por la rabia empezó a pegarle puñetazos sin fuerza—Marcos, por favor, esto no. ¿¿¿Dónde está??? ¿¿¿Dónde está???

Marcos contuvo la respiración. Eso no podía estar ocurriendo. Si a Cody le pasaba algo, no se lo perdonaría en la vida. Era martes y se había olvidado de que hoy lo tenía que sacar él a pasear, y ese descuido lo iba a destruir para siempre. 

Estela, al no recibir respuesta, se separó de Marcos y se fue corriendo hacia la casa en llamas, porque en situaciones así, el corazón siempre vence, y lo único que quería ella era salvar a su cachorro, un Schnauzer blanco con el que llevaba compartiendo su vida desde hacía tres años, cuando sus padres se lo regalaron porque el perro de unos amigos de la familia había tenido crías.

—No puedes entrar, el edificio está en llamas. Si sigue así, se va a derrumbar en cuestión de minutos— gritó el bombero mientras la cogía del brazo y evitaba que quedase atrapada dentro de lo que en un pasado fue su hogar. 

—Mi perrito está ahí dentro. Me necesita. Tengo que sacarlo.

—Lo siento. No puedo dejarte entrar. 

Estela, presa del temor, se arrodilló en el suelo y empezó a llorar. Su vida se había derrumbado en cuestión de segundos. La idea de imaginarse a Cody entre las llamas la estremeció tanto que la dejó rota en dos. Y gritó, gritó entre lágrimas de rabia y desolación, consciente de que nunca más volvería a ver a su perro. 

¿De qué servía un sofá nuevo si Cody no iba a poder subirse en él? ¿Para qué quería su peluche si no iba a poder jugar con él nunca más? El mundo se le cayó encima, el aire que se había formado le pesaba más de una tonelada y Estela, sin fuerza, se dejó vencer al ver cómo no solo su hogar, sino también su mejor amigo habían desaparecido. 

Pero de pronto notó como algo le tocaba la espalda. Era una pezuña. Estela levantó la cabeza. Allí estaba: una bolita de pelo marrón oscuro a causa de las cenizas acariciándola porque la escuchaba llorar. No se lo podía creer. Cody estaba allí. Cody había conseguido escapar. Cody seguía a su lado. Lo cogió y lo achuchó muy fuerte. Y el resto dejó de importar: el ordenador, la televisión, su pulsera de oro. Todo daba igual porque Cody había sobrevivido. 

Marcos apareció sudando y con lágrimas en los ojos, pero su cara cambió rápidamente al ver a su mujer y a su pequeño Cody abrazados en el suelo. Corrió hacia ellos y se unió a un abrazo que los llenó de vida. Ayudó a Estela a levantarse, y ya de pie, se cogieron de la mano y contemplaron cómo los bomberos apagaban el fuego que todavía quedaba. Sus ojos se cruzaron y sonrieron. Sí, sonrieron, a pesar de todo. Porque era cierto que el fuego había carbonizado todos sus recuerdos, pero Cody había sobrevivido. Y nada era más importante que eso. El amor vale más que todo lo que había en esa casa. 

Pronto volverían a ser felices, volverían a crear nuevos recuerdos. Estaban juntos, nada podía salir mal. 

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