Reflexión sobre el amor II

Reflexión sobre el amor II

A día de hoy todavía no sé cómo definir el amor. Creo que no hay una definición perfecta para describirlo y, si la hay, creo que nunca será completa. Pero quizás, pueda acercarme un poquito más a él en estas líneas. 

El amor no es que te inviten a cenar en un restaurante de lujo; el amor es comer pizza chamuscada por haber perdido la noción del tiempo bailando en la cocina, en el salón o en la habitación.

El amor no es “tú y yo”, el amor se conjuga en primera persona del plural; es un “Nosotros” o “Nosotras” en mayúscula porque el género aquí es lo de menos, solo importa(n) la(s) persona(s).

El amor no son mensajes vacíos cada minuto, ni conversaciones rutinarias; el amor es un “¿cómo ha ido el día?” o un “¿te llamo un ratito y hablamos?” a las ocho, al salir de trabajar. Porque el amor no es hablar veinticuatro horas con alguien, el amor es hablar y que las palabras que escuchas o lees te alegren la tarde, el día, la vida.

El amor no es un truco de magia, no es efímero ni banal. El amor es un estado de ánimo que, si se cuida bien, puede durar mucho más que toda una vida, porque el amor es magia. Magia en cada gesto, en cada mirada, en cada sonrisa. El amor hace que creamos en (im)probables -no imposibles-. 

El amor no son solo besos, mantita y Netflix; el amor es reírse por resignación al ver a la otra persona dormida a los diez minutos de empezar la película que ha elegido. Porque siempre hace lo mismo: escoge una comedia romántica o un thriller -depende de su estado de ánimo- y promete que aguantará despierta. Y (casi) nunca cumple su “promesa”. El amor es también volver a ver todo el trozo que viste la noche anterior solo, porque tu compi de vida decidió volar al mundo de los sueños.

El amor no es publicar en Instagram doscientas fotos con tu pareja para que el mundo las vea; el amor es decirle a tu madre: “mamá, creo que he conocido al amor de mi vida”. Y hablando de fotos… El amor son las 200 fotos que te hace tu amiga mientras grita “sonríe”,”guapísima”, “esta me encanta”, “sales muy bien”, “ya verás qué fotos” sabiendo que de todas, solo te gustarán un par. 

Y el amor, sobre todo, es sonreír al espejo cada mañana. Y quererte cada día mejor.

El amor no es catorce de febrero; el amor es diecinueve de marzo, el primer domingo de mayo y cualquier otro día, porque el amor no necesita un día, el amor protagoniza los 365 días del año. 

Ay, el amor… ¿Qué seríamos sin él?

Esta entrada tiene un comentario

  1. Tita Aya

    Gracias por este regalo en forma de palabras. Con un corazón como el tuyo… es muy fácil quererte.

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