Si me das tres deseos

Si me das tres deseos

¿Quién no ha soñado alguna vez con frotar la lámpara del genio y que le conceda tres deseos? Qué fácil puede ser soñar, aunque todo se quede en el modo subjuntivo. Pero, si tuvieses un genio delante, ¿de verdad sabrías qué pedirle? y ¿tendrías suficiente con tres deseos?

La respuesta a la primera pregunta podría ser: “Sí. La paz en el mundo; poner fin a la pobreza; que nadie pasara hambre.” Pero… aquí quizás salga a la luz el primer problema del ser humano: la hipocresía y el egoísmo. Porque, sé sincero, ¿pedirías tus deseos pensando en los demás?

La respuesta a la segunda pregunta podría parecerse a un “Sí, no necesito más.” Pero, en este momento seguramente aparezca el segundo problema del ser humano: todo nos sabe a poco; siempre queremos más y no nos conformamos fácilmente.

Y ahora, antes de seguir leyendo, te pregunto: ¿qué deseos se te han pasado por la cabeza mientras leías estas líneas?

  • “Quiero ser rico” sin pensar que tener más de cuatro ceros en el banco no significa ser feliz.
  • “Quiero tener un cuerpo diez” sin ni siquiera saber a qué nos referimos cuando hablamos del cuerpo perfecto. Qué daño ha hecho la sociedad en este aspecto, qué triste pensar que lo más importante de una persona es aquello que se ve, y qué ingenuo aquel que se lo cree.
  • “Quiero encontrar pareja” sin tener en cuenta que el amor no entiende de órdenes ni de deseos. El amor viene solo.

Quizás te identificas con alguno de estos deseos, quizás con ninguno. Ojalá formes parte del segundo grupo. Hay personas que lo desean todo, otras que no sabrían qué pedir. Pero realmente, al pararnos a pensar cuál es nuestro mayor deseo, tal vez nos demos cuenta de que va más allá del dinero, del físico o incluso del “amor” (así, entre comillas porque el amor verdadero no es un deseo, es una realidad). Quizás entendamos que la vida es mucho más que eso, que hay deseos que están por encima de lo que se ha dicho anteriormente, por ejemplo: 

  • “Ser y hacer”. Ser feliz y hacer feliz a los demás. Que la felicidad te bañe a ti a tus seres queridos y que sus fuegos artificiales duren toda la vida.
  • “Compartir todo lo bueno”. No hay nada que llene más que una risa repartida (y cuanto más, mejor). Pero también “compartir todo lo malo”, porque la tristeza divida en distintos corazones duele menos. 
  • “Vivir lento”. Aprovechar cada suspiro, agradecer cada latido.

Por eso, si algún día el genio de la lámpara te concede tres deseos, piénsalo bien antes de pedir algo de lo que te puedas acabar arrepintiendo. 

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