Sí, soy mujer

Sí, soy mujer

Sí. Nací mujer. Y no me escondo ni me avergüenzo. Al contrario: estoy orgullosa de serlo, de que me quieran y de quererme. De que me respeten y sobre todo, de respetarme. Pero no todas las mujeres pueden gritar que son libres y que son felices. Hay muchas que ni siquiera pueden gritar porque su voz ha dejado de tener valor, se han enmudecido y la sombra del miedo ha atrapado cada centímetro de su piel y de su corazón. Hay otras que se han roto, que han tenido que ser valientes para (sobre)vivir, cuando ser valiente no debería ser una obligación. Y nunca se tendría que relacionar la valentía con la libertad, porque esto último es un derecho, no una opción.  

Ojalá pronto el mundo sea consciente de que no queremos ser más, solo queremos un igual. De que no necesitamos un día para que nos recuerden quiénes somos, solo queremos que nos escuchen, que nos apoyen y nos respeten. De que nos traten de tú a tú y de que nadie nos mire por encima del hombro. Porque somos personas. Como tú, como él, como ella. Somos vida, somos amor y fantasía; tenemos esperanza en cada latido y unas ganas de existir infinitas. Y eso no depende del sexo, depende de la esencia. Y, en esencia, todos y todas somos lo mismo. 

Yo soy mujer, tú eres mujer; tu madre, tu abuela, tu hermana son mujeres. Tu mejor amiga es mujer; tu vecina es mujer. El mundo es mujer. Nuestro planeta tiene nombre de mujer.

Ojalá pronto aprendamos a querernos de un modo reflexivo, no solo a las demás, también a nosotras mismas, pues hay veces que el respeto y el amor propio se esconden detrás de algún kilo (nunca de más, nunca de menos) o de ese complejo que tanto nos atormenta. Pero, ¿te sentirías tú sin ese lunar en la frente, ese pequeño vacío que queda entre los dos dientes de delante o ese dedo meñique torcido? No. Porque tú eres tú, con todo lo que eso conlleva, con cada pequeña perfecta imperfección, con cada virtud y con cada -lo que tu llamas- defecto. 

Y ojalá pronto nos apoyemos de un modo recíproco. Que decir “qué guapa estás” o “te mereces todo lo bueno que te pase” sustituya a “¿has cogido unos kilitos, no?” o “con ese cuerpo también yo consigo ese puesto de trabajo”. Ojalá pronto empecemos a vernos como amigas, no como rivales, porque no vivimos en una competición ni gana quien sea aceptada primero; se trata de empatizar con la otra persona sin importar el color, la edad, los kilos y el sexo. Se trata de querernos. 

Porque no hay nada más bonito que querer. Yo me quiero. Yo nos quiero (libres, felices y vivas).  

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