Volveremos

Volveremos

– Qué ganas tenía de volver.

– Y nosotros de volver a veros. Y sobre todo, de que estéis bien.

No somos conscientes de la suerte que teníamos antes. Poder reunirnos con los amigos en un bar, sentarnos en su terraza y disfrutar de una cerveza, un refresco y unas tapas. Pedirle al camarero otra ronda con la mano, y que él te sonría porque ya sabe lo que quieres. Son muchos años ya. Reírnos a carcajadas en una mesa de ocho y recordar vacaciones y fiestas en las que bailábamos sin parar. Un “quiero lo de siempre” y un “tenéis el vino en el congelador desde que os he visto entrar”. Los jueves de paella. Y los viernes por la tarde de caracolillos y bravas. Las colas de los sábados por la noche, y las comidas familiares del domingo. Sonreír al ver a la camarera con un pastel que sabes que es para ti. Soplar las velas y desear que en el siguiente cumpleaños las personas que te cantan sigan todas a tu lado. El olor a cocina que se queda impregnado en la ropa después de salir y la charla de despedida en la puerta que dura más de diez minutos. Y la sensación de saber que pronto volverás.

Un restaurante es esfuerzo, es cariño y constancia. Es sacrificio, pero sobre todo, es amor. Un restaurante es vida, es familia, es hogar. Su local se llena de pequeños momentos, de pequeñas historias, de personas que acaban formando parte de esas cuatro paredes, personas que venían cuando tenían dos años con sus padres y ahora vienen a celebrar la graduación de su hija.

Y en estos momentos, con las persianas bajadas, la luz apagada y la cocina sin fogones, el mundo se cae encima. Pero no es un adiós, porque volveremos. Volveremos a compartir un postre, volveremos a desabrocharnos el botón del pantalón porque vamos a explotar de tanto comer, volveremos a nuestra mesa de siempre, volveremos a sonreír, volveremos a vivirlos. Muy pronto. 

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